Preludio

La figura recorría los pasillos de las catacumbas con sigilosa rapidez, nadie se atrevía a adentrarse tanto en el laberinto de túneles que recorría gran parte del centro de Vodacce, pero no se sabía quién podía seguirla en el país de los espías y asesinos más conocidos de toda Theah.

El ambiente estaba viciado por la humedad y siglos de abandono. El diseño del antiguo templo demostraba que había tenido tiempo muchos mejores, el estilo arquitectónico enseñaba que era antiguo, muy antiguo.

La mujer ingreso en el edificio tan velozmente como había recorrido los pasillos, todo debía ser perfecto y dar las vueltas necesarias para perder su escolta le había llevado más tiempo del que tenia. Las ropas revelaban que estaba vestida a la moda de Vodacce y la tela que era pariente directa de alguno de los 7 príncipes solo uno de ellos podía costear esa capa de seda Cathayneza cuya capucha le cubría gran parte del rostro.

Sin perder el paso ingreso en el recinto principal del templo, donde las antorchas encendidas permitían ver con bastante más claridad que durante el recorrido, pero no importaba cuan iluminada este la habitación todos los miembros del círculo tenían por tradición que usar mascara.

-Por fin has llegado –dijo el hombre con la máscara de un león sentado en la cabecera de la mesa – sabes lo que te costaría llegar tarde –continuó con un tono poco amigable.

-No me impresionas Fobos –dijo ella quitándose la capucha, dejando ver una máscara de media luna plateada y sentándose en una silla – tengo todavía un minuto lo que quiere decir que llego con tiempo de sobra.

-No me presiones Eris, eres joven pero eso no es excusa para tu impertinencia, si tu padre viviera…

-No menciones a mi padre asqueroso patán –gritó la recién llegada, levantándose tan bruscamente que la silla voló por los aires al tiempo que del costado de la capa desenvainaba una daga-

-ALTO LOS DOS!!! –grito otro hombre cuya mascara ocultaba todo su rostro con lo que parecían ser girones de piel cosida- Fobos Eris, tomen asiento no voy a permitir que estando tan cerca sus estúpidas peleas arruinen lo que buscamos por siglos.

-Tú no me das ordenes Androk –gritó el hombre de la máscara de Leon.

-Guarda silencio Fobos o tu hijo tendrá que tomar tu lugar –dijo una mujer cuya cabeza completa estaba cubierta por un grueso velo.

-Ker tú no puedes…-respondió Fobos bajando el tono de voz considerablemente.

-Tú no eres nadie para decirme que puedo y que no puedo hacer –respondió la mujer arrojando una carta en la dirección de la mesa en que se encontraba Fobos.

Toda la habitación permaneció en silencio cuando Fobos tomo la carta revelando que se trata de “el juicio”.

-No puedes, no conmigo ni mi familia… -susurraba Fobos para sus adentros

Cuando un hombre con la máscara del Sol se acercaba a Fobos para sentarlo en su silla un ruido seco proveniente de la fuente que se encontraba detrás de ellos lo hizo detenerse. Por un mero instante todo brillo dejándolos ciegos y la luz misma apago la luz de todas las antorchas dejándolos en la más absoluta oscuridad. Ninguno dijo nada, la emoción era demasiada para hablar. De la punta del obelisco que coronaba la fuente comenzó a salir un liquido transparente, que tenía luz propia e iluminó a toda la estancia con una luz tan clara como la del sol.

El líquido comenzó a llenar la fuente y todo el grupo se acercó hacia a ella, para ver el milagro que estaban esperando hace tanto.  Todos bebieron al mismo tiempo, disfrutando el fresco líquido y sintieron su fuerza. Su señor había regresado como lo prometió y ellos heredarán la tierra.

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