Eldryn

La primer impresión que tuvo Carmen de Eldryn le generó muchísimo interés por él. No sólo por su aspecto, un hombre alto y rubio de largos cabellos, fuerte y experimentado, sino por su exótico acento que tanto más llamativo lo hacía.

En verdad, el primer acercamiento no resultó del todo bien, Carmen sabe que terminó metiendo la pata por lo nerviosa que se puso al hablarle, pero no por eso iba a dejar de intentarlo.

Pensar en Eldryn era un lindo alivio, teniendo en cuenta la situación con Monet en el barco y el baile que se acercaba, evento que le generaba algo de desazón.

No tenía muchas esperanzas de ser bien recibida, pero ella se consideraba una persona con medios y perseverancia.  Muy para su sorpresa, el muchacho la reconoció y se mostró de buen grado. Eso no hizo más que avivar la llama en ella. Sin necesidad de hacer mucha gala de sus habilidades, logró entablar una conversación que no solo era de su interés, sino que le permitía acercarse a él.

Al rato de esto, se le ocurrió invitarle una cerveza, como tantas otras veces había hecho y la respuesta la tomó por sorpresa: “No, no podría permitir que me invite una dama. ¿Por qué no te invito yo una cerveza?”. Se retorció de regocijo ante tal muestra de caballerosidad. Por algún motivo, no eran los nobles, sino las personas normales las que tenían los mejores modales, esos que hacían imposible que una chica se resista.

El tiempo pasó volando, cuando quiso hacer memoria, estaban disfrutando el uno del otro en su habitación y el sol hacía tiempo se había ocultado fuera. Tenía cierto encanto estar con un hombre tan grande, era una experiencia completamente nueva para ella y la forma en la que se preocupaba por el disfrute de ella resultaba refrescante.

Lamentablemente la noche no podía terminar tan bien y, ni bien fueron testigos del barco encendido acercándose al puerto, Eldryn mismo sugirió que se dirigieran allí.

Ya en el barco, se enteraron del sacrificio de Alexander y, por más que ella no estaba dispuesta a sacrificarse por su  colega, Eldryn no necesito saber más que era un compañero de ella para lanzarse al mar. Esta situación la dejó muy afectada a Carmen, después de todo, un completo desconocido estaba dispuesto a arriesgar su vida por un colega a quien ella misma no pensaba rescatar. Si Eldryn llegaba a morir, sería responsabilidad suya y de nadie más, no podría vivir con eso, no con la muerte de una persona tan honrada. Así fue que se embarcaron con Perla, el capitán y sus marinos para rescatar a ambos.

Resultó que había sirenas en el agua y casi la mataron. El espectáculo de horror solamente la hacía sentirse peor, sabía que tanto Alexander como Eldryn se estaban enfrentando solos a ellas y no había muchas posibilidades de sobrevivir a solas.

El capitán dio la orden de regresar y su corazón se estrujó, no estaba en condiciones de llevarle la contra, pero no podía abandonarlos a su suerte, no podía permitir que la valentía de Eldryn terminase así.

Ya de regreso en el barco, luego de que Diego la emparchase un poco (no sin dificultad, dado que era imposible cauterizar sus heridas con fuego), salió nuevamente a buscarlo. Le preguntó a algunas personas de la zona del puerto si lo habían visto y hubo unos borrachos que dijeron haber visto salir a un hombre alto y rubio. Recorrió la zona, buscándolo incansablemente, pero sin éxito. Regresó hasta su habitación, pero seguía vacía, en ese momento no pudo evitar romper en llanto, de la frustración y el dolor de pensar que había condenado a ese hombre a la muerte solamente con haberlo conocido.

Al rato, comenzó la búsqueda de nuevo, regresó a la costa y avanzó de forma paralela, alejándose del puerto, hasta llegar a una caverna. Había luz en la misma y se escuchaban unos gruñidos guturales que le pusieron todos los cabellos de punta. Vio unas figuras sospechosas salir del agua y dirigirse al interior de la cueva y eso fue suficiente para que corriese de regreso al barco a buscar al capitán, si alguien podía ayudar en ese momento era él.

Regresaron en grupo y encontraron a las personas que buscaban, pero estaban al borde de la muerte. De la mejor forma posible se los llevaron de regreso al barco, Diego se había preparado en cubierta para tratarlos.

Las heridas eran muchas y habían perdido demasiada sangre. Carmen sabía muy bien que no tenía conocimientos de medicina, pero insistió en asistir en lo que le fuera posible. Le prestó la daga a Diego para que cauterizase sus heridas y se quedó alrededor para hacer cualquier cosita que pudiera. Cada marca en el cuerpo de Eldryn era su responsabilidad y de nadie más. Lamentó profundamente cada una de ellas y el maldito momento en que se le ocurrió ir a por él.

¿Sería alguna especie de castigo?  Ojalá hubiera sido solamente para ella.

Una vez todo terminado, Diego dijo que había hecho todo lo que estaba en su poder y solo restaba esperar a que se recuperasen (o no).

Carmen se negó a separarse y se quedó rezando por su bienestar. El estado de Alexander le preocupaba, pero se consideraba responsable del estado e involucramiento de Eldryn, lo que no se podía perdonar. Theus, por favor, cuida de ellos, dales una segunda oportunidad. No pueden morir aquí, no así. Haré todo lo que esté en mi poder. Eldryn no puede haber venido hasta aquí para morir de esta forma. Rezó hasta que el cansancio y sus propias heridas la vencieron y acabó durmiéndose encima de él.

A %d blogueros les gusta esto: