Sesion 1

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El mar es… inquietante.

Haber crecido entre historias de pescadores no preparó a Perla para la inmensidad que significaba estar en alta mar, rodeada por nada más que cielo y agua. Nunca en su vida se había acercado a tal volúmen de océano, ni en sus sueños mas arriesgados.

A pesar de considerarse una persona valiente, el primer paso en el barco del Capitán Ardghal la llenó de incertidumbre; una sensación que le apretaba la garganta cuanto más se alejaban del puerto. Esto no estaba en sus planes originales, y toda esta travesía dejaba un amargo sabor en su boca. Demasiadas desviaciones del plan original, demasiados cambios de última hora. El mar, enorme y sereno, y una misma sensación de peligro inminente que no podía ignorar. Perla estaba al tanto de sus limitaciones a la hora de pasar desapercibida, pero también conocía sus habilidades. Y tres semanas de alerta constante en tierra sonaban sin duda mejor que dos meses de alerta constante en un recipiente de madera flotante en el medio del océano, por mucha seda que tuvieran sus velas (el Capitán no perdía oportunidad para recordarselo).

Perla se mantiene alejada del afuera durante sus primero días en el barco, tratando de calmar sus nervios y el nudo en su estómago que amenaza con vaciarse cada momento. Su rol de guardia personal de Fräulein Guiliana no levanta sospechas en la tripulación, pero Perla siente que la vodacia puede ver a través de su fachada calma en todo momento, y que sus ojos negros conocen de su angustia y sus temores. De todas formas no hace comentarios sobre el deseo de Perla de permanecer adentro, y no es hasta que ésta desea salir tomar aire que Perla se aventura fuera de los confines de la modesta habitación del Capitán.

La tarde es tranquila y la tripulación parece haberse alejado de la popa, dándole espacio a Fräulein Giulana para que pueda observar el atardecer. Solo la piloto se encuentra en su puesto habitual, y al ver a Perla asomando su cabellera plateada le sonríe con sorna, saludandola con una demán de cabeza que Perla devuelve sin mediar palabra.

La vista afuera es tan impactante que Perla puede olvidar por un momento su angustia. El sol, en el horizonte, se pone entre nubes rosas, lilas y anaranjadas, reflejadonse con sus mil colores en la cara del océano. Nada se oye excepto el susurro del agua bajo el barco, alejándolos cada vez más de Vodacce. La serenidad del momento es tal que Perla cree sentir al Allföðr posarse sobre el barco y llenarla de un nuevo vigor. A su lado la Sorte recita un verso, o tal vez estrofas de una canción, en un susurro que arrulla y calma sus nervios. Sin duda los hombres y mujeres de Vesten habrán perseguido, en otras vidas, ese mismo atardecer, ese mismo resplandor.

El momento pasa y Perla siente una mano posarse sobre su brazo, y en vez de sobresaltarse como haría normalmente, la paz de la escena la envuelve, y mira haca abajo, a Lucrezia, que le indica que Fraulëin Giuliana está lista para volver, pero que Perla puede quedarse afuera, si así lo desea. Perla asiente, y ambas mujeres se despiden con un gesto gentil.

Það er fallegt sýning, ekki satt?” pregunta una voz a su lado. Cuando Perla se voltea ve a Ardghal, el Capitán del barco, posado sobre la baranda mientras observa el atardecer con la mirada perdida.

Fallegustu hlutirnir eru stundum hættulegustu—Oh!” contesta Perla, sorprendida ante el idioma de la conversación. Tan sumida estaba en el atardecer que por un momento olvidó su situación actual. “Hablas Vesteno.

Entre otras cosas,” le responde el Capitán, con un dejo de sonrisa. Perla se pregunta si está burlándose de ella, pero no presiente maldad en sus palabras. Pensativa, lo considera con una mirada larga, examinadora.

Tu acento es tosco pero tu pronunciación no es mala para un avalonés,” dictamina.

Y el tuyo es muy bueno para una eisena que se apellida Friggsdottir”.

Perla se encoje de hombros, volviendo sus ojos al atardecer. “Mis padres huyeron de Vesten para encontrar refugio en Eisen, de toda Theá. Es tragicómico pero el destino tiene maneras extrañas de manifestarse, a veces.

El Capitán ríe. “Si lo sabré yo. Dónde están ellos? Tus padres.

Murieron en la guerra.”

Oh.

Y ella?”

Quién?”

Capitán,” dice Perla, en tono conspirativo “Hay solo una razón por la cual un pirata avalonés puede hablar vesteno tan fluidamente.”

El Capitán se queda perplejo unos segundos y luego ríe a carcajadas, golpeando suavemente el hombro (alto, muy alto) de Perla.

Detrás de toda esa fachada tan seria hay un sentido del humor después de todo,” dice Ardghal una vez que deja de reírse. Perla se sonríe, relajándose contra la baranda del barco.

Puedes llamarme Shay,” dice el Capitán mientras le extiende la mano. Perla desconfía, como es su naturaleza, pero supone que si va a estar atrapada en este barco por dos meses, lo menos que puede hacer es llevarse bien con el hombre que comanda la expedición.

Perla,” responde, y se asegura de darle un apretón de manos que el Capitán no olvidará. Cuando se sueltan el Capitán hace una mueca y sacude su mano, pero no dice nada al respecto, ante la mirada divertida de Perla. Ambos se quedan en silencio lo que resta del atardecer, observando como el sol es engullido por el océano, y la noche se apropia de los lilas, los rosas y los naranjas, extinguiéndolos hasta quedar apenas un débil destello en el horizonte.

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Perla Friggsdottir -PJ-

 

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