Diario del Capitan

Puerto Bonaventura, Vodacce

La tripulación decidió hacer puerto en Vodacce, tierra de traiciones, engaños y guerras silenciosas entre las sombras. Pocos lugares de Thea me generan tanto asco como Vodacce y, a su vez, siempre que el Albatros llega a sus costas surge algún trabajo que engorda nuestras arcas. La posibilidad de hacer enfadar a un noble se endulza con el buen vino de estas tierras y junto al dinero crean el trío que mantiene contento mi espíritu entre tanto aire putrefacto.

Una vez más las Hijas de Sofía acuden a mi por ayuda. No sé cómo se comunican entre ellas pero, aunque lo pronuncian mal, ya saben mi nombre y se acercan sin tapujos a pedirme que las saque de Vodacce. Ni siquiera había terminado la botella de vino cuando un noble me ofreció el doble de la tarifa para entregar la carga. ¡Ja! Pobre desalmado, piensa que el Albatros carga con personas, ese erguido pedestal de mierda jamás obtendrá nada de nosotros más que una bala de cañón El Albatros carga con la libertad y la libertad se paga, pero no se negocia y, mucho menos, se arrebata. El intercambio de insultos fue poco estimulante, “La necesito fuera de Vodacce” dijo antes de marcharse. Sospecho que matarla en su propia tierra generaría un conflicto frontal que va en contra de las artimañas rastreras de Vodacce. Presiento que esta no es la clásica historia del matrimonio arreglado que debe romperse, hay algo más y mi nariz huele pescado podrido. Este viaje va a ser caro, pero “el dinero no es problema” dijo y me sedujo tanto como una buena botella de ron.

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Día 1 del viaje de Vodacce a Eisen

¡Que me aspen si es posible! ¡Una sorte! ¡Una sorte en el Albatros! Definitivamente este puede ser el pedido más caro al que accedí alguna vez. No solo son 15 personas durante más de 2 meses, sino que la persona más importante es una sorte. Más de un marinero entregó una ofrenda a la Madre Océano para que nos proteja durante el viaje, yo mismo lancé una copa de vino. En cuanto la sorte se acomodó en mi habitación, pues hacerla  dormir con el resto de la tripulación habría sido tentar al destino y ningún marinero está dispuesto a arriesgarse a algo así, leyó el destino a través de las cartas. Jamás había presenciado algo así, pareciera que las cartas danzaban entre sus dedos, las acariciaba como delicados pétalos de flores pero con la misma firmeza que se sostiene una copa en la tormenta. “Nos esperan peligros” leyó en las cartas y la imagen de aquel putrefacto noble del ojo emparchado vino a mi mente. Si quería problemas, el Albatros estaba dispuesto a dárselos.

Transmití el aviso de peligro al resto de la tripulación, y mientras corrían a sus puestos preparando el barco para el viaje y la guardia, comenzaron a cantar. Poco a poco todas las voces en la cubierta se empastaron en una sola vez. Me llena el corazón que mis hermanos y hermanas estén dispuestos a luchar por la libertad de otros, tal como otros lucharon por las suyas. ¡Enfrentaría al mismísimo Kraken con ellos y, aunque muriera en el intento, mi voz se alzaría a su lado hasta el último momento!

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Día 3 del viaje de Vodacce a Eisen

La sorte y sus acompañantes solo salen de la habitación cuando la mayoría de la tripulación se haya en el interior del barco. Imagino, ya que no lo he preguntado, que el velo de la sorte cubre su rostro para que nadie más que sus allegados la vea y, por tanto, considera un riesgo salir a cubierta rodeada de personas desconocidas. En respeto a eso, en el horario en que la mayoría de la tripulación se hallaba en el interior, pedí a nuestros pasajeros que subieran a cubierta. Solo la tripulación principal estaba allí: Monet, Lorenzo, Nathan, Peter, Diego y Matthias. Como siempre hacemos con nuestros invitados, les leí los estatutos del Albatros, solo aquellos que les afectan directa o indirectamente. Matthias los recitó en Eiseno para Perla y sus hombres. Nos aseguramos de que todos los entendieran, era importante que supieran que en el Albatros serían juzgados por sus actos sin importar quiénes sean, ni cuán rica fuera su familia. La traición, la mentira, el engaño y las ofensas serían castigadas, están prohibidas las disputas en el barco, al igual que jugar por dinero. A algunos soldados no pareció gustarles, sin embargo la sorte y Lucrecia permanecieron estoicas al respecto.

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Día 7 del viaje de Vodacce a Eisen

Perla por fin se atrevió a quedarse en cubierta más tiempo del que la sorte permanecía allí, incluso llegó a acercarse al borde para contemplar el océano y la puesta del sol. Jamás había visto una mujer de su porte ni tamaño, parece una guerrera fiera acostumbrada a vivir en un mundo rodeada de hombres de poder, exigiendo que deba mostrar toda su fuerza y capacidad para ser reconocida. Sin embargo, por unos instantes sus ojos brillaron con asombro ante los colores del cielo y la belleza de la Madre Océano, mostrando la fragilidad de todo ser humano ante la inmensidad de este mundo. Es perspicaz, vió en mi lengua el amor que profeso por Kara al hablar en su idioma.

Mi amada Kara, este viaje me lleva a Eisen, ¿Será la Madre Océano piadosa con nuestros corazones y nos regalará un fugaz encuentro que acalle nuestro dolor? Hoy levantaré la copa en tu honor, y que la sangre de nuestros enemigos fluya hacia el mar.

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Día 11 del viaje de Vodacce a Eisen. Día 1 en Santa Elena, Castilla

¡Cuán sucio, despreciable, embustero y rastrero habrá sido en vida Andrea Caligari, para que la Madre Océano envíe a su más bravo guerrero a reclamar su vida! Nuestra agradable cena fue interrumpida por el aviso de Nathan: Un barco de bandera Vodaccia nos seguía. Mis instrucciones fueron precisas, virar el barco y alzar la bandera pirata. Perla, que no estaba de acuerdo con mi decisión intentó que tomara otra postura ante esta situación, ¡Pero el Albatros jamás se convertirá en presa de aquellos que comercian con la libertad de las personas! Mientras los hombres ocupaban sus posiciones, esperaba que izaran la bandera blanca. La Hermandad de la Costa es famosa en los 7 mares por respetar la vida de aquellos que se rinden, evitar el conflicto directo habría sido la táctica más justa, sin embargo la bandera blanca jamás se asomó y, en respuesta, el fuego del Albatros causó irreparables daños al Senza Fine.

Estaba claro que no se rendirían pero tampoco contaban con la fuerza para enfrentarnos. El abordaje fue rápido y preciso, sin embargo el barco estaba dañado y comenzó a hundirse. Caligari peleaba contra el Capitán del barco. Sin duda ese montón de mierda había arrastrado a sus hombres hasta una muerte segura sin siquiera pensarlo dos veces. Para la basura Caligari, la vida de sus hombres vale menos que una pata de pollo. Quise acercarme a saludarlo, pero su barco se hundía y debía volver al Albatros antes que la madre Océano me reclamara junto a sus hombres, así que le saludé a la distancia… con plomo. Había prometido que plomo sería lo único que recibiera del Albatros y Peter se aseguró de que otra bala le alcanzara, para que sea aún más claro nuestro mensaje.

La Madre Océano debe haberse sentido sucia de que un hombre rastrero y mediocre como él mancha el agua con su sangre, ¡Porque un maldito Krakren apareció para tragarse al Senza Fine, la mierda de Caligari y toda su tripulación! El monstruo no atacó al Albatros, pero su presencia agitó las aguas y el viento, creando un torbellino y condiciones climáticas tan desfavorables que ni los mejores marinos habrían logrado salir de allí con vida. Sin embargo, la Madre Océano es piadosa con sus hijos más fieles y no era nuestras vidas las que reclamaba. Arrastró al Albatros y los más fuertes de sus hombres hacia la costa. Pero no cualquier costa, a Santa Elena.

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Día 12 del viaje de Vodacce a Eisen. Día 2 en Santa Elena, Castilla

Santa Elena es el paraíso que he estado buscando toda mi vida. Si no tuviera aún una venganza que cobrarme habría pensado seriamente en quedarme aquí a vivir, pero aún si mis cuentas se saldáran, mi corazón navega lejos y no podría asentarme. Kara, cuando la sangre de nuestros enemigos sea derramada, espero que Santa Elena cautive tu espíritu como cautivó al mío.

Lo que la Madre Océano y Santa Elena dan, son de todos y nadie ha de cobrar por ello. Viven de la pesca, de la recolección del bosque y de un aljibe natural que provee de agua dulce para toda la isla. No hay reyes, ni gobernantes, no hay religiones ni militares. Apenas unas pocas leyes son necesarias para que las personas vivan con plenitud su libertad. ¡Son una sociedad tan única y tan parecida a la nuestra! Su amable gente nos ha brindado de alimento y ayuda sin pedir nada a cambio. Por supuesto, comerciamos con ellos por los materiales del barco y todo aquello con lo que pudiéramos abastecernos. La Madre Océano nos ha traído a este paraíso para que descansemos, nos repongamos y podamos continuar nuestro viaje.

Esperaba que nuestra estancia aquí fuera tranquila, pero esta mañana un grupo de inquisidores llegó hasta nuestro dañado barco, exigiendo que les lleváramos hacia Castilla. Llevaban consigo 2 mujeres lastimadas y esposadas. “Brujas” contestaron y pude sentir como a toda la tripulación les hervía la sangre. Casi no hicieron falta órdenes, hombres y mujeres ocuparon sus puestos de combate, Matthías lanzó una andanada de balas de cañón corto para reducirlas rápidamente, el resto fue alcanzado por las balas de los pistolones y mosquetes y Perla se ocupó de tomar al Monseñor que intentaba escapar.

¿Acaso ningún opresor malviviente reconoce la oportunidad de rendirse y sobrevivir cuando la ve? Hemos liberado de almas y pronto les podremos ofrecer el regalo de la libertad, regalo que jamás debieron haber perdido. Eso, a fin de cuentas, es lo único que importa.

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Día 19 del viaje de Vodacce a Eisen. Día 9 en Santa Elena, Castilla

Santa Elena ha resultado ser una isla con mística digna de leyendas. El festival, rodeado de un folclore propio, fue un rotundo fracaso. Mientras los isleños preparaban el festival, Perla desobedeció órdenes y se introdujo al bosque, encontró una cueva y, desde allí, llegó al punto de reunión del festival de gratitud a Santa Elena. Perla detuvo el ritual y estuvo a punto de condenar toda la isla por su imprudencia. Gracias a las fortunas pude detenerla, salvar su vida y a la isla. En cuestión de horas todo había vuelto a la normalidad gracias a la ayuda de Carmen. Lo ocurrido aquel día en la isla no será documentado en este diario, confío en que Diego sabrá que cosas contar y cuales reservarse para siempre.

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Día 31 del viaje de Vodacce a Eisen. Día 21 en Santa Elena, Castilla

Santa Elena ha vuelto a ser el paraíso que siempre fué, pronto el Albatros estará listo para viajar y podremos continuar el viaje a Eisen. Dado que la Inquisición está fuertemente activa en Castilla, debemos navegar directo hasta Avalón, al puerto de Carleon. Maria Magdalena, una de las mujeres que rescatamos de los inquisidores, ha sido de gran ayuda para las reparaciones del barco y, sin que fuera necesario que se lo pida, ofreció su ayuda, conocimientos y habilidades a disposición del Albatros. Desearía que se una a la tripulación pero no creo que sus intereses y los nuestros sean cercanos. Aunque decida no unirse, ha pagado su viaje con crece

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Día 36 del viaje de Vodacce a Eisen

¡El Albatros vuelve a altamar! Dejamos Santa Elena atrás, hemos pasado casi una luna entera allí y la hospitalidad de los isleños será recordada por toda la tripulación, estoy seguro en no ser el único piensa en volver algún día. Kara, mi amor, estos días te siento más cerca que nunca y añoro verte pronto, contarte de esta Isla y luchar hombro con hombro una vez más, pateando en la cara algún noble malviviente, tal como en los viejos tiempos.

Las Lucani han decidido pagar para que Carmen y Alexander viajaran con ellas hasta Eisen, “El dinero no es problema” siguen repitiendo y yo sigo dispuesto a engordar mis bolsillos. Lo cierto es que su presencia es buena para el Albatros. Ambos saben desenvolverse en el barco y el Albatros ha perdido tripulación luego del ataque del Kraken, por lo que sus manos extra son de gran ayuda. Como a todo marinero, les leí los estatutos del Albatros y estuvieron dispuestos a viajar hasta Eisen. Maria Magdalena no rechazó mi propuesta de primeras, dijo que lo pensaría hasta que lleguemos a Carleon, allí decidirá su destino.

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Día 48 del viaje de Vodacce a Eisen

¡Alabado sea el Albatros y cada alma en este maldito barco! Sobrevivimos al Kraken y, ahora, a la maldición del Soleil Royal. Ese maldito barco Montaignese esperaba tranquilo y silencioso como una trampa mortal y nosotros, guiados por la codicia, fuimos a caer de lleno a sus oscuras entrañas. El Soleil Royal, el tesoro flotante más grande de los 7 mares, sin custodia, sin tripulación y sin banderas, traído por la corriente directo a nosotros, no seríamos piratas de haber desaprovechado esa oportunidad. Ahora entiendo que, lo que aparenta ser fácil, no es más que una trampa mortal. El barco, completamente abandonado, aún tenía la mayoría de los artículos de lujo que solo el Emperador Montaignese puede dignarse a poner en altamar sin miedo a que lo saqueen la mayor cofradía de piratas jamás reunida. Sin embargo, estaba más custodiado de lo que jamás podríamos haber imaginado. Su tripulación, ahora cadáveres reanimados por la maldición del barco, los piratas que otrora intentaron saquear y perecieron ¡Y los propios fantasmas que asolaron al Soleil Royal!

Llegamos hasta la habitación de la Princesa Irene, que viajaba a Avalon por su casamiento. La cama estaba rodeada por espejos rotos y, según me supo explicar Monet, los espejos eran para evitar que se abrieran portales en esa habitación y, aunque no terminé de entenderlo, algo sobre fantasmas y espíritus. Si los espejos estaban rotos, solo podía significar que el fantasma se había liberado y vengado de aquellos que lo capturaron o, al menos, el grito de terror de Monet así me lo sugirió.

Los malditos cadáveres intentaron abordar al Albatros, perforaron su casco con cadenas y se lanzaban a cubierta sin necesidad de sogas. La batalla fue larga, los daños a la tripulación fueron menores pero el Albatros necesitará nuevas reparaciones cuando lleguemos al puerto de Carleón. Perla luchó contra alguna especie de fantasma o demonio capaz de abrir portales. Debo estar agradecido de que tantos años de trabajar como esclavo labraron mis músculos lo suficiente para levantar a una persona normal, como a Alexander, o arrastrar a un semmigigante, como Perla, ya que a ambos tuve que sacarlos del peligro durante la batalla con el Royal.

Arriesgué mi vida más veces de las que puedo contar, la tripulación del Albatros es mi única familia y, aunque Perla no fuera parte de la tripulación, hemos viajado lo suficiente y luchado lado a lado para saber que es alguien de confianza y quien vale el esfuerzo de salvarla. Carmen y Alexander aún tienen que probar su valía, pero Lucani me paga por llevarlos hasta Eisen y eso significa que deben llegar con vida.

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Día 84 del viaje de Vodacce a Eisen, día 5 en Carleon, Avalon

Esperaba que Carleon fuera un lugar de descanso para la tripulación, pero nada más alejado de la realidad. Ni bien llegar al puerto las malas noticias vinieron en nuestra búsqueda. ¡20 gremiales! ¡20 gremiales por día en puerto! Hasta ese momento creía que éramos nosotros los que arrancaban las fortunas de los barcos desafortunados. Teníamos 14 días de reparaciones, según el diagnóstico de Lorenzo y la colaboración de Magdalena. Reparar al Albatros sería absurdamente caro y nuestros recursos comenzaban a agotarse. El asalto al Soleil Royal nos había dejado con más deudas que ganancias, apenas unos cuantos trastos para vender ¡Y ni siquiera sabíamos si valían el esfuerzo que tomó obtenerlos!

En la taberna conocí a Morgana, oficial de los Perros del Mar. Me contó la historia de que su padre desapareció años atrás y su barco fue encontrado a la deriva con las mismas heridas que sufrió el Albatros. Sin dudas había caído presa de la maldición del Soleil Royal. Me hubiese gustado tener más información sobre su padre, pero solo le pude transmitir que el barco causante de su dolor había sido destruído. El sabor de una venganza negada es amargo, pude verlo en su cara.

Los Sidhe de Carleon darían una gran fiesta para celebrar el solsticio y, dado que las Lucani se presentaron en el Castillo de la Reina, fueron invitadas a la fiesta, haciendo extensiva la invitación al Capitán del Albatros y sus oficiales. Transmití la invitación a las nobles, ya que supuse que solo había sido invitado por cortesía. En condiciones normales hubiera escupido al suelo y decirles que mientras ellos celebraban sus pomposas y rechinadas fiestas para las que no sudaron ni una sola gota, los que sudan cada día y noche para comer y que sus fiestas sean un sucio bacanal de desperdicio y excesos, apenas tenían una hogaza de pan duro. Pero por una vez decidí callarme, aún debíamos estar 12 días más en Carleon y no quería problemas con los locales. Además, tenía 3 motivaciones para asistir a esa fiesta.

La primera, tal vez la más determinante, le había prometido a Diego que le llevaría a los lugares más fascinantes y destellantes. ¿Qué podría ser más glamorosa que una fiesta Sidhe? Debía cumplir mi promesa. En segundo lugar, Monet estaba estresada por lo sucedido en el Soleil Royal y las historias de fantasmas que contaban Alexander, Carmen y Perla. Mi primer oficial se merecía una noche de descanso y del jolgorio que solo buscaba en puerto. Y por último, ¿Cuando más tendría la oportunidad de tomar los licores de las fiestas Sidhe? ¡Si esos bastardos guardan el mejor vino para ellos, esta sería mi oportunidad de vaciar sus existencias!

Mencioné la fiesta a los demás miembros de la tripulación, pero a nadie pareció interesarle. Creía que Alexander y Carmen estarían dispuestos, pero no fue así. Más tarde, esa misma noche, estaría agradecido de que Alexander no estuviera interesado en la fiesta.

Accedí a vestirme como las Lucani me lo pidieron, ya que me regalaron ropa especial para la ocasión. Si me hubieras visto, amor mío, te habrías reído un día entero. Monet insistió en que no llevara bandoleras a una fiesta y, por una vez, me arrepentí de escuchar su consejo. La fiesta fue todo lo que esperaba. Diego se mezcló entre la gente para socializar, Monet se perdió entre los arbustos para… socializar a su estilo. Y yo permanecí junto a un amable hombre que me dió una degustación de sus mejores vinos, licores y whiskys. El hombre más amable de toda la fiesta, debo admitir. Morrigan, una reconocida y mítica Sidhe arrivó a la fiesta junto a sus 3 inconfundibles hijas y su séquito de guardaespaldas, pero ni ellos, ni los guardaespaldas de la fiesta hicieron bien su trabajo. De algún modo Andrea Caligari se había colado en la fiesta, ¡Ni la Madre Océano quería su putrefacta alma y escupió su cuerpo de regreso a tierra firme! Perseguí a Caligari, pero no llegué a tiempo. Asesinó a sangre fría a una de las hijas de Morrigan, arrebató algo del interior de su pecho y huyó antes de que pudiera alcanzarlo. Si tan solo hubiera tenido mis bandoleras, habría acabado lo que comenzamos en el Senza Fine, pero en su lugar tuve que lidiar con la situación del asesinato. Morrigan insistió en que un hombre común no habría podido matar a su hija, pues su sangre causa conmoción en los humanos.

Al llegar al Albatros luego de la fiesta me enteré de que un barco prendido fuego y sin tripulación se acercaba al puerto al mismo tiempo que ocurría la tragedia en la fiesta Sidhe. Alexander había tomado una barcaza llena de pólvora y se lanzó a derribar el barco en llamas y, así, salvar a todos en el puerto. Tomé una barcaza y junto con Perla, Carmen y algunos hombres fuimos a buscar a Alexander, pero no estábamos listos para quienes nos estaban esperando a nosotros. Sirenas, en puerto. Perla, Carmen y Steve no fueron lo suficientemente rápidos y fueron arrebatados de la barcaza y arrastrados hacia las profundidades del mar. Como soy un hombre precavido, esta vez sí había llevado mis bandoleras y con eso logré salvarlos de las garras de las sirenas y Perla, remando con la fuerza de 100 hombres, nos sacó de allí a toda velocidad.

Habíamos dado a Alexander por muerto, era imposible que sobreviviera a todo aquello. Sin embargo, no permitiría que su hazaña fuera desapercibida y me aseguré que cada hombre y mujer en puerto fuera consciente de que habían sido salvados por Alexander Miller del Albatros. Tal fue mi sorpresa cuando, guiados por la corazonada de Carmen al encontrar una gruta donde las sirenas se apañaban para comer, rescatamos a Alexander y a otro superviviente de la muerte. Sus heridas eran profundas y existía la posibilidad de que no llegaran con vida al Albatros. Carmen practicó primeros auxilios en ambos, quemando sus heridas más grandes para cauterizarlas, pero durante los cuidados de Carmen sucedieron 2 cosas que hirvieron mi sangre. El demonio del Soleil Royal que habían estado investigando Alexander y Carmen y que estaba acosando a Perla apareció a babor nuestro. En estribor, como enviado por los mismísimos infiernos, Caligari a caballo con un pelotón de hombres. Había enviado a Monet y el resto de los hombres a volver al Albatros a toda velocidad para que Diego estuviera listo para sus pacientes, por lo que solo eramos Carmen, Perla y yo. En otras condiciones habría zanjado allí mismo toda rivalidad con Caligari, pero la vida de Alexander corría peligro y no podía permitir que el héroe del Puerto de Carleon falleciera a mi cuidado. Nos retiramos a toda velocidad, priorizando la vida a la muerte, jurando al mar que correría la sangre Caligari. Tal vez no esa noche, puede que ni siquiera en la próxima luna, pero acabaría con Caligari con mis propias manos.

Con Alexander y el otro superviviente en manos de Diego, envié un emisario a la casa Sidhe, debía hablar con Morrigan al amanecer. Llegaron al Albatros con la salida del sol y, tras una breve explicación sobre el posible vínculo entre las sirenas en puerto, el barco prendido fuego, el asesinato de su hija y la presencia de Caligari como hilo conductor de toda esta basura, partimos a la gruta que habíamos visitado durante la noche. Luego de una expedición por parte de los Cuervos de Morrigan, la Sidhe ordenó derrumbar la cueva. Su explicación fue contundente y, a pesar de su explicación, aún más desconcertante. La Reina de las Sirenas, la enemiga jurada de la Madre Océano, dormía en las profundidades de aquella gruta.

¿Qué diablos está tramando Caligari con todo esto?

 

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Séaghdha Ardghal -PJ-
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